lunes, 5 de marzo de 2012

La primera mujer que leyo en una biblioteca

Cuando la Biblioteca Nacional abrió sus puertas hace 300 años no se permitía el acceso de las mujeres como lectoras. Sólo podían acudir de visita y en días de fiesta. Hasta que una valiente, Antonia Gutiérrez Bueno, rompió la norma.
Más de un siglo tuvo que pasar desde que Felipe V abrió las puertas de la Biblioteca Nacional a finales de 1711 -entonces Real Biblioteca Pública- para que una mujer disfrutase de las obras que allí se depositaban. El hecho está asumido y legislado: en la Constitución de 1761 se advertía que no se permitiría la entrada con gorro, cofia, pelo atado, embozo ú otro trage indecente ó sospechoso, ni Muger alguna en días y horas de·estudio; pues para ver la Bibliotheca podrán hir en los feriados con permiso del Bibliothecario Mayor. Sólo se les permitía la entrada los sábados, de visita y nunca como lectoras. Eran los derechos de las españolas en el siglo XVIII, hasta que llegó Antonia Gutiérrez Bueno, la primera en romper con la exclusividad masculina y una afortunada dentro de un panorama educativo discriminatorio. Con la intención de documentarse para un Diccionario histórico y biográfico de mujeres célebres en el que trabajaba, solicitó un permiso a la regente María Cristina para acceder al centro. Y obtuvo la Iicencia, aunque a la manera de aquella época, en una sala separada de los hombres. En cualquier caso, la gesta de Gutiérrez Bueno allanó el Paso al resto de
mujeres que quisieron adentrarse en el mundo de la cultura, pues la regente extendió la concesión a todas las que «gustasen concurrir». A pesar de lo logrado, la vida de Gutiérrez Bueno (murió en 1874) se difumina en el anonimato. Los periódicos de entonces no le prestan atención, y no se tiene constancia de que llegara a publicar la
enciclopedia. De haberlo hecho, bien podría haber aparecido su nombre,en la lista que tejió con historias de insignes mujeres.
Por Isabel Rodríguez Ramos

© Yo Dona, 3 marzo 2011.